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TIEMPO DE LEER

Lunes, 14 Enero 2019 15:29

Por Patricia Benavides Narváez

Jefa Departamento - Sistema de Bibliotecas
 
¿Cuál podría ser la imagen más característica del veraneante? Seguramente que alguna como esta: una persona bajando a la playa, adentrándose en la arena a pie pelado, en trajebaño, con un sombrero de anchas alas, gafas para el sol, una toalla al hombro y… un libro en la mano.
 
En el campo, en la montaña, esta imagen típica recibe algunos ajustes importantes, pero nada esencial: en vez de encaminarse hacia al mar, el veraneante está junto a una piscina, tendido boca abajo con la mirada puesta sobre un libro cuyas páginas va cambiando lentamente. O bien está recostado en una hamaca, a la sombra de un buen árbol, sosteniendo en alto, ante sus ojos, un libro que mantiene abierto ya sea sujetándolo con ambas manos, ya sea porque los dedos pulgar y meñique de una sola mano presionan respectivamente la página izquierda y la página derecha, mientras los tres dedos intermedios presionan el volumen por el lomo… En este último caso ese veraneante lector suele tener la otra mano apoyada por el dorso en su propia frente.
 
El verano, que para la mayoría de las personas se asocia con vacaciones, también resulta ser la época más propicia para el libro: en efecto, el verano y las vacaciones no nos permiten alegar, como en el resto del año, que el tiempo no nos alcanza. Por otra parte, son muy escasos los amigos que brindan una compañía tan apacible y simultáneamente tan intensa como la de un libro: ahí está esperando tranquilamente a que nosotros nos dirijamos a él y solo entonces nos habla. Nos habla silenciosamente, incluso si nos está contando una historia espeluznante, y nosotros lo seguimos con la más atenta quietud incluso si nos está informando sobre las más inquietantes cosas que ocurrieron no hace mucho, que están ocurriendo ahora mismo o que sin duda ocurrirán mañana.
 
Porque como bien sabemos, el mundo del libro no es menos variado y amplio que el mundo mismo –y hasta hay quienes afirman que el mundo del libro es más grande que el mundo, dado que los libros hablan de lo que existe y asimismo de lo que jamás nadie ha visto ni comprobado: desde la filosofía (“una rama de la literatura fantástica”, como sostienen algunos) hasta el periodismo de investigación acerca de cualquier tema habido o por haber… Pasando por todos y cada uno de los períodos de la Historia, en cualquiera de las perspectivas que admiten; pasando por todas las religiones, todas las mitologías, todas las artes y todas las ciencias; pasando por la tecnología, la artesanía, los oficios, los hobbies, los pasatiempos…
 
Y por supuesto que pasando también por el libro rey, el libro que brinda la lectura por excelencia, que es la de la literatura: ficción, ensayo, poesía. Lecturas que no se realizan con el fin de obtener una utilidad, sino tan solo para el deleite del gusto, el encantamiento de la imaginación, la elevación de la mente, la ampliación del pensamiento, el goce del espíritu, la paz del ánimo…, ¡como quiera decirse!
 
Hay muchas formas de decirlo, pero todas coinciden en señalar los frutos de la lectura literaria como aquellos que no sirven para nada concreto, salvo para hacer personas más felices y posiblemente mejores. Pero otro tanto cabe decir de prácticamente todas las lecturas: el que lee y aprende historia, o arte, o ciencia, o lo que sea, crece.
 
Por eso, conscientes de las facilidades que brinda el verano para la lectura, nuestra Biblioteca amplía los plazos de sus préstamos. Tenemos el tiempo, tenemos los libros, tenemos las ganas: en consecuencia, ni siquiera es necesario que nos movamos del living de nuestra casa, o del patio o del jardín, para que disfrutemos del veraneo, porque como dice Emily Dickinson, “Para viajar lejos no hay mejor nave que un libro…”
 
 
 
 

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