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QUERIDOS PADRES

Viernes, 07 Junio 2019 11:57

Por Patricia Benavides Narváez

Jefa Departamento - Sistema de Bibliotecas
 
¿Quién podría haberse olvidado de cuando era niño y caminaba por la calle de la mano de su papá? ¿Cómo podría caer en el olvido la cálida sensación de seguridad, de protección, de afecto, que se transmitía hasta uno desde la mano fuerte y grande del papá? 
 
La infancia debe ser la mejor época de esa especie de amistad tan única que se da entre padres e hijos, porque después, cuando estos llegan a la adolescencia y luego a la juventud, el proceso de conocer la vida y el mundo suele apartarlos de los padres, para que recién en la madurez, tras el reencuentro, reine de nuevo esa amistad de los tiempos infantiles, moderada ahora por los años y por la consciencia de la fugacidad de la vida, así como del valor que tienen los lazos familiares…
 
Es cierto que cuando se habla de amistad en las relaciones de padres e hijos, hay que aclarar el sentido un tanto metafórico en que se hace. Amistad propiamente tal no es del todo el sentimiento llamado a regir esas relaciones, puesto que una de las partes, el padre, debe guiar, enseñar, corregir, sustentar a su hijo, y esas obligaciones difícilmente forman parte de la amistad. El amor paterno, tal como el amor filial, tiene otro tipo de deberes. Y sin embargo cuando uno ve, ya sea en un parque de por ahí o en la propia memoria, a un padre trotando con su hijo “alapa”, o el niño montado en sus espaldas y él en cuatro patas sobre el pasto, o revolcándose de risa los dos, el niño agarrado de los mismísimos cabellos de su papá… pues bien, uno de los ingredientes de una escena así, para cualquier observador, es la amistad: “¡Qué amistad tan bonita la de ese niño con su padre!”, diría el observador.
 
Esa época temprana en la que lo paternal y lo filial pueden fundirse a tal punto en esta especie de amistad quizá sea la época ideal para que el padre acerque a su hijo a la cultura: el niño tiene aún absoluta confianza en él y recibirá con interés, como recibe todo lo que venga de él, su invitación a mirar cuadros, a cantar canciones y escuchar bonitas melodías, en fin, ¡a hojear un libro!
 
Entre los mejores recuerdos de la infancia están aquellos en los que el papá hojea con uno un hermoso libro de cuentos sembrado de ilustraciones. Y por eso este mes de junio, que es el Mes del Padre, quiero recordarles a todos ellos que la dotación de libros infantiles de nuestra biblioteca es no solo enorme y variada sino que constantemente actualizada, y que si se hacen socios puedo garantizarles horas inolvidables junto a sus niños, con el más bello libro de imágenes que hubieran podido desear.
 

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