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HISTORIA Y PRIMAVERA

Martes, 03 Septiembre 2019 13:45

Por Patricia Benavides Narváez

Jefa Departamento - Sistema de Bibliotecas
 

Es una feliz coincidencia para nosotros, los chilenos, que el Mes de la Patria sea también el mes en que el invierno se despide y a cambio se despliega la primavera con sus colores, sus calores, sus vientos volantineros y todo un escenario ideal para los festejos con los que celebramos nuestra independencia. Todavía no llegan las temperaturas veraniegas y ya han quedado atrás los fríos y las lluvias, aunque es casi una tradición que caiga al menos un chubasco sobre fondas, ramadas y festejantes…

Cuando esto ocurre no deja de ser una lástima, porque los emprendedores fondistas ven afectadas sus inversiones y porque inevitablemente disminuye el número de los que asisten a celebraciones que merecen la mayor concurrencia, pero sobre todo porque son pocas las ocasiones que tenemos de fijar la mente y la mirada en aquellas cosas que nos son típicas como chilenos. Quizá sea la única vez en el año que oímos cuecas y que, eventualmente, las bailamos. La más amplia gama de expresiones folclóricas inunda nuestros pueblos, ciudades, medios de comunicación, instituciones, y nuestra bandera flamea por todas partes al impulso de los aires primaverales impregnados de fragancias…

Todo lo que se resume y simboliza en estas efemérides tiene su reflejo, su contrapartida o incluso su fundamento …por escrito. “País de historiadores” fue llamado Chile hace ya más de un siglo, y desde entonces hasta hoy esa denominación no ha hecho sino confirmarse. En la Biblioteca de Providencia lo sabemos bien, porque nuestro fondo bibliográfico, permanentemente enriquecido con nuevas obras, dispone de las más reconocidas y consagradas historias generales de Chile, como asimismo de las más recientes, abocadas todas por igual a la narración de nuestro pasado o de aspectos específicos y acotados de lo que hemos sido y somos como país.

La invitación está cursada: refrescar e incrementar los conocimientos que tenemos sobre el pasado de nuestra patria puede ser una de las maneras más provechosas de celebrar estas fiestas, y nuestras sedes en diversos puntos de la comuna pueden ser, a su vez, el mejor y más cercano acceso a las obras historiográficas que contienen ese saber. Más aún: leer en Francisco Antonio Encina el relato que hace de un determinado pasaje de nuestra historia y luego cotejarlo con el que hace Jaime Eyzaguirre, o Gabriel Salazar, o Góngora, o Villalobos, es un ejercicio todavía mejor. Pues, efectivamente, el resultado de la comparación es un conocimiento más completo del momento estudiado, a la vez que de las diversas explicaciones que puede recibir un mismo fenómeno y, en el fondo, de la tarea que cumplen los historiadores, de cómo depende de sus perspectivas personales y de lo decisivo que es el criterio propio para extraer conclusiones satisfactorias.

A nuestros usuarios, feliz dieciocho. ¡Y vengan, que la historia espera por ustedes!